La Sagna

« Pero, no es más que un sueño »*

Tenemos el placer de difundir el texto de la intervención prevista en apertura del XIIavo Congreso de la Asociación mundial de psicoanálisis que debía tenerse en 2020 en Buenos Aires sobre el tema « El sueño. Su interpretación y su uso en la cura lacaniana ». En vista del próximo Congreso del 2022 en Paris, leámoslo hoy! — La Redacción.

La interpretación de los sueños es un libro que tiene poco más de ciento veinticinco años. Es también el nombre del comienzo de una obra abierta por Freud, una empresa a la que muchos se han apresurado por participar.

Al principio, éste libro ha sido el único manual de psicoanálisis abierto a las contribuciones de cada uno. En cierto momento, Freud fijó el estado actual del texto y no quiso retocarlo más.

Ciertas problemáticas encontradas ulteriormente, sobretodo en cuanto al más allá del principio del placer, no figuran ya, igualmente, un capítulo redactado por Otto Rank, incluído en el volúmen en un momento dado, ha sido suprimido. En una carta de 1911 a Samuel Jankélévitch, Freud considera que la obra no puede traducirse al francés (1).

Soñador e intérprete

Freud se preguntaba si los sueños podían ser comunicados. En 1930, escribía en une nota de La Interpretación de los sueños: « yo casi nunca he comunicado la interpretación completa de cualquiera de mis

propios sueños cuando tenía acceso a ellos » (2).

Hay que darse cuenta que lo que temía Freud era que el deseo del soñador, aquí el del sujeto Freud , sea borrado. Incluso propuso a los traductores que se apropiaran de sus propios sueños en lugar de los de él (3), es lo que ha hecho Abraham A. Brill, por ejemplo, en los Estados Unidos. Eso permite sin duda aclarar el porqué Freud, en las Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis, puede decir que « el sueño no constituye, en sí, una manifestación social, un medio de comunicación. Además, tampoco comprendemos lo que el soñador ha querido decirnos e incluso, él mismo, no lo sabe mejor » (4).

En su presentación del XII avo congreso de la Asociación mundial de psicoanálisis, Silvia Baudini y Fabian Naparstek, subrayan que «¡ Los sueños no son transparentes! » (5). Si Freud hace esta observación, es que en cierto momento, se había convertido en un juego hablar en los salones de sus sueños, de interpretarlos. ¡Un nuevo lazo social se había encontrado! El método de Freud sigue otro camino.

El método de interpretación de los sueños de Freud pasa por la asociación libre, que permite acceder a los « pensamientos latentes del sueño ». El método de la asociación supone « preocuparnos lo menos posible [….] del sueño manifiesto » (6). La interpretación que revelan las asociaciones no es, según Freud, más que una condición previa a la interpretación del analista, que formula « lo que el paciente no hizo más que tocar ». Las formulaciones comunicadas así al paciente suponen un trabajo de construcción del analista. Freud no teme intervenir: nosotros « completamos las alusiones, sacamos conclusiones irrefutables, formulamos éso que el paciente no hace más que tocar en sus asociaciones » (7). En efecto, para él, eso que parece añadirse al sueño por la vía de las asociaciones o por la construcción, por la lectura de símbolos en particular, hace parte del sueño. El sueño interpreta, pero es también en tanto que todo eso que va venir a comentarlo, modularlo, asociarse a él interpretarlo hace parte de él ‑ ¡eso forma parte del sueño!. Ahí vemos que Freud no se situa en tanto que psicólogo. Freud, con la Traumdeutung, es el soñador y el interprete inseparable.

El agujero que despierta

Si el sueño no tiende a ser comunicado es porque él sirve a otra cosa. Freud nota que « el sueño sirve al yo y al deseo de dormir, satisface sobre todo un impulso pulsional en forma de cumplimiento alucinatorio de un deseo » (8). Esta satisfacción de deseo es vivida como presente. Y, para Freud, ese deseo puede formularse en una frase. Así, el sueño oscila entre imágenes, figuración, y en semblante pues, pero también enunciado, lenguaje. Y sobretodo el sueño procura una satisfacción bien real.

Lacan en principio ha querido reducir ésta satisfacción a un efecto de gramática, a la forma verbal del cumplimiento, para mas tarde, reconocer en el sueño la presencia de un más-de-goce. Es por tanto ese real de la pulsión, éste goce mismo, que corre el peligro de provocar el despertar del soñador.

Lacan, en 1975, nos indica que lo que Freud señalaba con ese real pulsional es ante todo un agujero, en el lenguaje, en el significante, en lo corporal, el del origen del sujeto (9).

No quererse despertar

¿Cómo entonces evitar el despertar? Diciéndose: «¡ Pero no es más que un sueño! »

Eso promueve la pregunta del sueño en el sueño. Para Freud, calificar de sueño el sueño, en su contenido mismo, no lo dévalua, pero busca a separarlo de la realidad: « si ciertos hechos aparecen en el sueño como soñados, es que son completamente reales, y eso equivale a una afirmación enérgica. El trabajo del sueño utiliza el sueño mismo como un modo de rechazo, probando con ello nuestro descubrimiento que el sueño realiza un deseo » (10). El sueño en el sueño es pués la huella de un rechazo, que señala que es bien el cumplimiento de un deseo, y en el fondo, índice de lo real pulsional. No es más que un sueño nos indica la huella de lo real del goce, en tanto que el sujeto lo rechaza.

Encontramos éste tema un poco mas lejos en el texto: pero no es mas que un sueño apunta a adormecer una instancia de censura que quisiera interrumpir el sueño: « Imagino que esta crítica desdeñosa interviene todas las veces que la censura, que no se duerme jamás completamente, se siente desbordada por el sueño que ella ya ha aceptado. » (11) Se dévalua el sueño para permitirle que prosiga sin producir el despertar.

Lacan parte de éste punto cuando se trata de comentar la observación ( de Nacht en El psicoanálisis hoy) « Un sueño después de todo, no es más que un sueño », interrogando: «¿ No es suficiente que Freud haya reconocido ahí el deseo? » (12) Ésta observación equivale, en efecto, a no querer despertarse, no despertarse cara al encuentro del deseo de Freud sumamente presente en lo que nos transmite sobre el sueño. Pués si Freud ha reconocido en el sueño un deseo, es el deseo que se manifiesta y ese del psicoanalista en particular. Freud observaba que pocas personas podían descifrar sus sueños como él.

El trabajo del sueño

Pero no es más que un sueño es una observación del sujeto, allí donde encuentra un deseo que no es sujeto, adelanta Lacan en los Escritos (13). No es pués el sujeto el que realiza el trabajo del sueño sino que es el mismo sueño. Su primer trabajo es aquél de la distorsión – tal es la traducción par Lacan de L’Entstellung de Freud. Si las cosas son así, desplazadas pero sobre todo distorsionadas, es porque ningún significante puede acordarse a un significado, hay un deslizamiento de el uno sobre el otro. Hay un deslizamiento ya que, en el sueño, los lazos del significante al significado están deshechos. El sueño nos muestra lalengua en acto . Es decir, el sueño utiliza un aspecto del lenguaje, o sea, ese deslizamiento del significante sobre el significado. Para manifestar qué? ¡Un real que escapa y, de hecho, ataca los lazos de la significación!

De lo que se trata en el fondo en el sueño, no es representable, ya que toca lo real.

L’Entstellung, para Freud, no es mas que la huella de ese real hacia el cual le lleva su deseo de analista. Lacan ha traducido también Entstellung par ex-istencia. Qué es eso que existe en el sueño? Son primero las pulsiones. Y si las pulsiones ex-isten, según la palabra de Lacan, es que ellas son, por excelencia, también éso que está desplazado. Ellas no están en el lugar que debería. Lacan ha anudado lo imposible a escribir, y a saber, con ese real pulsional: « Es justamente eso lo que Freud designa cuando habla del ombligo del sueño.[…] De modo que éso designa una analogía, enteramente análoga a eso que que ustedes han designado ahí como lo real pulsional. » (14) Lacan emplea el mismo término para el deseo en el sueño que para las pulsiones: Entstellung, desplazamiento y ex-istencia. Eso que no está en su lugar y no puede estar, es lo sexual.

Para Freud, lo esencial del sueño no está en los pensamientos latentes puestos al día por la asociación libre. Lo esencial es el trabajo del sueño. Se trata de saber cuál es el mecanismo que permite de pasar del sueño manifiesto a los pensamientos latentes, es decir ese trabajo que presupone el efecto de la censura que está siempre en acto. ¿Si no hubiera censura porqué hablar entonces de deseo, de represión, de latencia? Si Freud se interesa sobretodo en el trabajo del sueño, es por que él encuentra ahí la huella que marca da prueba de una deformación. La deformación que introduce la sexualidad es lo que hace su certeza y es también lo que él buscará por otra parte en Moisés. Buscará la huella de una historia alterada adulterada, de un crimen de una substitución. En Freud, es en efecto también la huella de una muerte. De Totem y Tabou a Moisés pasando por Œdipo, la ex-istencia se anuda a la figura imposible del padre muerto del goce.

Los contemporáneos de Freud han sido seducidos por la interpretación que proporcionaba la asociación libre, por lo latente, y mucho menos por lo sexual… Adler quería que el cumplimiento de deseo alimente la tendencia a asegurarse. Jung, él quería remplazar en la Traumdeutung, los sueños de Freud por sueños de pacientes .¡ Ellos soñaban de un sueño tranquilo !. Es sin duda una de las razones que han decidido a Freud a escribir en el prefacio de la segunda edición: « He comprendido que este libro tiene, en efecto, una segunda importancia subjetiva que sólo alcancé a comprender cuando lo hube concluído, al comprobar que era una parte de mi proprio análisis, que representaba mi reacción frente a la muerte de mi padre, es decir, frente al mas significativo suceso, a la más tajante pérdida en la vida de un hombre. »(15). Freud sigue el camino que indica su deseo. Éste deseo pasa por el trabajo del sueño, como huella misma de la represión de la sexualidad.

Una falta-de-ser sexuado

Lacan interviene introduciendo un termino nuevo para atrapar ésta pregunta del deseo en el sueño.

Éste término es aquél de la demanda. Ésta demanda obscura está en el corazón del sueño, en un de éste lado de lo que es el deseo, cerca de la pulsión. Como lo subraya Lacan mas tarde, antes de querer decirnos algo, hay, en el sueño, un, eso quiere: « cuando interpretamos un sueño, lo que nos guía, ¿no es por cierto qué es lo que eso quiere decir ?, y no así ¿ qué es lo él quiere diciendo eso?, pero ¿qué es eso, que al decir, eso quiere? (16).

En efecto, ésta demanda obscura, casi real, que cuando es explícita se vuelve transitiva, es también lo que debe dejarse atrás para profundizar un mas-allá, un vacío, un ex-iste que le precede. Es el deseo que ex-iste a la demanda. Es en eso que, si el sueño demanda también su interpretación, no se le da verdaderamente satisfacción, porque lo que se satisface en el sueño se hace presente y que el inconsciente se interpreta.

Necesitará tiempo Lacan para darse cuenta que el vacío, en el sueño, está ocupado por el objeto causa del deseo. Hay demanda en el Wunsch de Freud, pero como lo precisa Lacan en 1977: « El sueño difiere, différend, de diferenciar de manera no manifiesta evidentemente y del todo enigmática- es suficiente ver la pena que se da Freud-de lo que hay que llamar una demanda y un deseo. El sueño pide cosas, pero mismo ahí, la lengua alemana no sirve a Freud, pués no encuentra otro medio de señalarlo que de llamarlo un deseo, Wunsch, que está en suma entre demanda y deseo. » (17)

En ésta falta, en éste vacío más-allá, para Lacan, es cuestión de ser, no de tener. El deseo no está en el campo del tener, toca al ser. Eso que es deseo no es sujeto, sino presencia de falta-de-ser en el sueño. Solamente, es una falta-de-ser sexuado, de un sexuado que habla. El soñador es un ser hablante. El sexo, en el sueño como en otra parte, es un decir. Lacan es el único a atrapar que el decir de Freud es: No hay relación sexual. Y entonces, para éso y por éso, existe el sueño.

La falla del soñador enmascarado

Lacan indica « que el sueño, nos dice Freud, es esencialmente muy egoísta, que, en todo eso que nos presenta el sueño, tenemos que reconocer la instancia del Ich, debajo de la máscara. Pero también, es en tanto que él no se articula como Ich, que ahí se enmascara y que está ahí presente » (18). Y es justamente por éso que ese yo ausente está representado en el sueño por una multitud, esa de todos los pequeños otros que pueblan el sueño y que son también el soñador, pero jamás « yo ». El deseante está así condenado a estar dispersado y a aparecer bajo una máscara social.

Borges, dijo: « las máscaras siempre me han dado miedo » (19) – tenemos eso en común con mi nieta. Siendo niño tenemos miedo de lo que hay detrás de la máscara del Otro del adulto. Siendo adultos, podemos como Borges, pensar en arrancar la máscara: tengo miedo de arrancar la máscara porque tengo miedo de ver mi verdadera cara, que me imagino atroz. Debajo, puede haber lepra, el mal o aún algo todavía más terrorífico de lo que he podido imaginar». El despertar siempre será un intento de extraer el sujeto de la masa soñada y soñando para que yo se reencuentre en el despertar. Pero yo no quiere saber qué hay detrás de la masa y sus máscaras. Es un falso sueño. ¡Hoy, nos aconsejan de seguir enmascarados!

De esta manera, Lacan señala que el deseo de dormir se hace cómplice del deseo del sueño evitando la realidad que encontramos al despertar. Pero él es cómplice hasta un cierto punto. No quiere que se revele el ser deseante, es decir el objeto a, el sujeto en tanto que él – no yo, pero él – es un objeto a. La masa sirve también a la disimulación de nuestro ser de a.

Como lo demuestra el sueño de la mariposa: «Zhuangzi soñó que era una mariposa, volando feliz de su suerte, sin saber que era Zhuangzi. Se despierta de repente y se da cuenta que él era Zhuangzi. Ya no sabía si era Zhuangzi que había soñado que era una mariposa, o si era una mariposa que soñaba que era Zhuangzi. La diferencia entre Zhuangzi y una mariposa se llama la transformación de los seres» (20). Así, en el mismo capítulo intitulado «De la unificación», Tchouang-Tseu puede decir: «No sabemos qué soñamos cuando soñamos e interpretamos nuestros sueños soñando […] Es solamente en el gran despertar que nos damos cuenta que hacíamos un gran sueño. El [sujeto] que se cree despierto cree distinguir un príncipe de un pastor. ¡Qué pretensión! Confucius y tu sois sueños, y yo que te digo que eres un sueño, también soy un sueño».

Para Lacan, Tchouang Tseu es una mariposa en la cual sus alas están consteladas con ocelos, una mariposa que es una mirada. ¿Pero, en el fondo, el sueño de Lacan no era de «realizar», presentificar éste objeto del sueño imperceptible al despertar?, ¿Un objeto que constituya un límite al saber, a los semblantes del mundo, un objeto de sueño, o el sueño de un objeto?

El trabajo del sueño no se detiene ahí, ni en la deformación, ni en el objeto. Es como si no fuera suficiente que las cosas sean deformadas. Hace falta la elaboración secundaria. El sueño comporta en sí agujeros. Pues bien, la elaboración secundaria los tapa. Convirtiendo comprensible al sueño, es decir, comunicable y por ende común. De esta manera, existe una función que tiene por objetivo construir una fachada al sueño, a volverlo socializable, comunicable, presentable y coherente. Esta fachada se toma prestada al fantasma, al sueño diurno, según Freud, o a los ensueños diurnos que vemos que los pone del lado de lo imaginario(21). Esos fantasmas son construídos según Freud, sobre recuerdos de la infancia, como «lo que algunos palacios barrocos de Roma respecto de las ruinas antiguas cuyos materiales se han utilizado en su construcción».

El sueño permite hacer figurar, de pasada, elementos que indican directamente el goce. Es lo que Freud nombra Überdeutlich, traducido en general por «ultra claro». El Über además trabaja en cada etapa. El sueño hace que lo irrepresentable sea traducido en algo representable. Por ejemplo, algunos aspectos del sueño representan otros elementos de los sueños por transferencia. La transferencia es, ante todo, un medio del sueño -es el Übertragung. De hecho, el caso Dora es el análisis de un sueño y de una transferencia. Además, la convicción del paciente debe pasar por un nivel más elevado, el del Überzeugung. Esto lo aporta la construcción del analista cuando la comunica al paciente. Esta convicción también se da en el carácter repetitivo del sueño. Para Lacan, lo que despierta no es la realidad si no la realidad fallida. Y lo que es fallido es la realidad de la causa misma, que se escapa. Para Freud en el sueño del niño en llamas, es el padre que falta a la realidad del hijo. La falla del padre se atrapa en el sueño de un otro, de un anciano, que hace que la realidad sea fallida. ¡En el sueño, busquen la falla!

En el vacío de la realidad fallida

Es en ese vacío de la realidad fallida del sueño que se alberga la realidad psíquica. Lacan nos indica que no interpretemos al padre. ¿Pero, no está ahí la falla de Freud en este sueño, en su deseo conectado a la cuestión del padre? Freud también padre de los analistas, es él quien nos da un poco de realidad. La falta de la realidad del padre abre para Freud un lugar, una playa. En este lugar pueden albergarse un deseo y otra realidad, la del inconsciente. Este es un nuevo trato con el mundo, un sentido nuevo a la cuestión del realismo, de la realidad.

Al lugar de lo fallido viene la repetición. Lacan, en su Seminario XI, habla del sueño del niño en llamas como tributo a la realidad perdida: « la realidad que ya no puede hacerse más que repitiéndose indefinidamente, en un indefinidamente nunca alcanzado despertar » (22).

Lo más real de nosotros

Para Lacan, el sueño de Freud nos indica un despertar hacia lo real, un real que va más allá de la pregunta del padre. La ausencia de un despertar a la realidad del inconsciente, el despertar que se ha vuelto imposible, se hace más real que aquél que nos proporciona la realidad del movimiento del mundo. Es más que un despertar. Para Lacan, es más que la realidad que trae el padre freudiano, la que pasa por la castración. También, es más que la que nos promete la realidad de la ciencia. Para Lacan, la realidad en el sueño es un medio que nos proporciona por su misma falta el acceso a otra cosa, a lo que está en juego en lo real del inconsciente. Y observen que la repetición tiene la responsabilidad de esta nueva realidad. La repetición del sueño traumático restaura al sujeto la huella de una realidad imposible de atrapar, la marca del evento traumático que ahora se ha convertido en una «realidad psíquica». Aquí es donde el despertar es imposible, despertando a ese algo de nosotros que es lo más real «o» anormalmente claro.

El sueño es una equivocación- une bévue

¿Qué sucede cuando soñamos? Borges, que se hace la pregunta, evoca Shakespeare y argumenta que, en el sueño, quizàs: « seamos alguien, alguien que sea lo que Shakespeare llamo la cosa I am, »la cosa que yo soy”, quizás que seamos nosotros mismos o la Divinidad » (23). Lacan nos indica, en el « Prefacio a la edición inglesa del Seminario XI », que el inconsciente sueña de la verdad. Podríamos pensar que sueña con la verdad porque es freudiano, porque se transfiere a Freud. Esta verdad, para Lacan, participa del espejismo en el sueño, porque « sólo la mentira es de esperar » (24). La del síntoma, por ejemplo, proton-pseudos decía Freud. El sueño no es el síntoma. Lacan, en el Seminario II, nos dice que tienen una sola gramática en común. Y añade: “ son tan différentes como lo son un poema épico y un libro de termodinámica ” (25). Lo que los diferencia es la duración, el tiempo: « un síntoma, siempre está insertado en un real económico global del sujeto, mientras que el sueño es un estado localizado en el tiempo en condiciones extremamente particulares. El sueño no es más que una parte de la actividad del sujeto mientras que el síntoma se extiende sobre varios campos. » De hecho, el síntoma es la permanencia de un modo de goce, es la elección de una pareja, es lo real cuando es imposible de soportar, lo que teje una existencia, el síntoma es un arte. Tengamos en cuenta que sueño y síntoma participan de la escritura – aunque si el sueño está del lado de la literatura, más bien poesía de transferencia, y el síntoma, del lado del matema. Al final de la cura, esta distinción se desvanece un poco. El sueño toma el giro del síntoma, se pone a su diapasón. El sueño es un instante que soñamos eterno. Y en este caso es como señala Lacan, el sueño de un despertar: «  La ausencia de tiempo es una cosa que soñamos, es lo que se llama eternidad, y ese sueño consiste en imaginar que nos despertamos » (26) Nuestro síntoma, con Lacan, es lo real. ¿Entonces, un sueño no es más que un sueño? ¿ Es que lo real del sueño, ese agujero que queremos tapar con la tapicería de nuestros fantasmas, puede venir a desplazar también el síntoma? Freud nos ha indicado con el sueño una vía real, sin duda porque es también una pieza de lo real de una equivocación- l’une-bévue. El sueño es una equivocación porque, a falta de un verdadero despertar, también él pierde . Pierde la realidad. Pierde el despertar. Un sueño es un pedazo de azar que nos hace signo de lo que falla y logra hacernos tocar un pedazo de lo real. Lo que nos hace decir que es sólo un sueño es también que nos gustaría tejer con nuestros sueños un destino. Pero cada sueño, tomado en serio, viene a agujerear cualquier idea de ese destino. De esta manera, los sueños no nos encadenan, sino que nos dan una salida. Decir que es sólo un sueño es la equivocación para no despertarse. Probablemente porque el sueño « es una obra de ficción » (27). El sueño no es ajeno a nuestros fantasmas. Es su fuerza, su poesía y su debilidad a los ojos de lo real. Lacan ha hecho de esto una prueba de verdad para los analistas: ¿tu síntoma te ha sacado del espejismo de lo verdadero? Tu inconsciente se puso a soñar de lo real más que de lo verdadero? ¿Puedes mostrárnoslo?

¿ De qué despertar tenemos necesidad hoy?

Sin embargo, me dirán, ¿necesitamos despertar? Nuestra época nos muestra que durmiendo colectivamente, pondremos pronto fin a los sueños humanos y terminaremos matando al planeta. El síntoma humano, es la polución: podemos ver que el hombre está presente a través de sus residuos. Ésto no es nuevo. Lo que también mata el planeta es la pesadilla científica, que puede seducirnos, haciéndonos creer que nos va a deshacer de lo verdadero, para poner en su lugar lo verificado que excluye lo real. El cientificismo es un discurso que nos impulsa a no tomar en serio nuestros sueños, desterrando así a Freud. Este discurso no ha comprendido que hay reales: el real de la ciencia, el del arte, el de la literatura y el del psicoanálisis, es decir el del sinthome. El síntoma nos muestra «el artificio de los canales donde el goce viene a causar lo que se lee como el mundo» (28). La búsqueda de Freud para afirmar la realidad psíquica continúa en lo que se está mostrando hoy, nos dice Jacques-Alain Miller. : « El acontecimiento de cuerpo que es el goce aparece como verdadera causa de la realidad psíquica » (29). Tomar la medida de ese nudo siempre triple de lo real tal vez nos permitiría no rechazar en el mar y más allá de nuestras fronteras a los soñadores, a todos los dreamers, a todos aquellos que quieren una vida mejor. El psicoanálisis, con los sueños, nos muestra los agujeros, huecos donde albergar lo posible. Como señala Jacques-Alain Miller, Lacan, a partir del ser, supo atrapar lo que hace agujero en el sueño. Joyce también nos guía a su manera, ya que Finnegans Wake es también un sueño que gira en torno al agujero, un agujero que se encuentra en un rizo de la lalangue. Los fantasmas contemporáneos – cuya ciencia constituye la mayor parte de las tropas, cuando élla es científica- están ahí para tapar los agujeros que la literatura, que requiere el sueño, y el psicoanálisis luego, continúan a excavar. Los fantasmas científicos nos prometen el transhumanismo, que esconde mal que siempre sea un transexualismo realmente más pansexual que Freud y busca un más-de-goce que cubre ya con un velo la pérdida de goce correspondiente. El trabajo del sueño es el de mantener el agujero abierto, mantener el rastro del Ent-stellung, es decir, la ex -istencia de un hay. Es el trabajo de mantener nada menos que el rastro distorsionado de la ex -istencia humana, de su exilio original; una ex-sistencia que no es humana sin los sueños, sin el inconsciente. A finales del XXavo siglo pensábamos que salíamos de la subordinación, o incluso de la sujeción al padre, a la ley. Se evitó entonces al padre, pensando que estábamos escapando de lo peor. Pero si ya no soñamos más juntos, entonces estaremos en lo peor que la subyugación, en la silenciosa lealtad al cientificismo, al capitalismo liberal, a las « democracias liberales », a las burocracias sanitarias. Acamparemos en esta falsa fraternidad de iguales que excluye a todos los demás, a todos los sueños y soñadores. La democracia es la condición del psicoanálisis, pero el inconsciente y sus soñadores son la condición de la democracia.

1. Cf. Carta citada por Marinelli L.& Mayer A., Soñar con Freud, Bs.As., El cuenco de plata,2011

2. Freud S., La Interpretación de los sueños, Madrid, Biblioteca nueva, Tomo II, 1972, p. 411

3. Cf. Correspondencia de Freud con E. Bernays en francés « Correspondance avec Freud « , trad. S. Aumercier, Le Coq-héron, no 194, septiembre 2008. P. 86 disponible en internet.

4. Freud S., Nuevas lecciones introductoras al psicoanálisis, Madrid, Biblioteca nueva, Tomo VIII, 1974, p. 3103-3104

5. Baudini S.& Naparstek F., « El sueño. Su interpretación y su uso en la cura lacaniana », presentación del XIIe congreso de la AMP, disponible en la página Web del congreso, congreso6amp2020.com

6. Freud S., Nuevas lecciones introductoras al psicoanálisis, op. cit., p. 3105

7. Ibid., p. 3106

8. Cf., ibid., p. 3109

9. Cf. Lacan J., « El ombligo del sueño es un agujero, Respuesta a Marcel Ritter », Freudiana, n° 87, 2019.

10. Freud S., La interpretación de los sueños, op. cit., P. 552.

11. Ibid., p. 645.12

12. Lacan J., « La dirección de la cura y los principios de su poder « , Escritos, I, México, Siglo veintiuno, 1972, p. 251.

13. Cf. ibid.,, p. 260.

14. Lacan J., « El ombligo del sueño es un agujero… », op.cit.

15. Freud S., La Interpretación de los sueños, op. cit., p. 646-647.

16. Lacan J., El Seminario, libro XVI, « De un Otro al otro », texto establecido por J.-A. Miller, Bs. As., Paidós, p. 198

17. Lacan J., « Apertura de la Sección clínica », disponible en internet. 18. Lacan J., El Seminario, libro XIV, « La lógica del fantasma », lección del 18 de enero 1967, inédito.

19. Borges J.L., Siete noches (Conferencias), ADN,2009

20. Tchouang-Tseu, El sueño de la mariposa, in Borges, Bioy, Ocampo Antología de la Literatura fantástica. Bs. As., Edhasa, 2008

21.Cf. Freud S., La Interpretación de los sueños, op. cit., p. 680.

22. Lacan J., El Seminario, libro XI, « Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis », texto establecido por J.-A. Miller, Barcelona, Barral ed., 1977, p. 68.

23. Borges J. L., Siete noches (Conferencias), op. cit.

24. Lacan J., « Prefacio a la edición inglesa del Seminario XI », Otros escritos, Bs. As., Paidós, 2012, p. 600.

25. Lacan J., El Seminario, libro II, El yo en la teoria de Freud y en la técnica del psicoanálisis, Bs. As., Paidós, 2008, p.187.

26. Lacan J., « Una pràctica del parloteo », texto establecido por J.-A. Miller, Ornicar ?, n° 19, janvier 1979, p. 5.

27. Borges J. L., Siete noches (Conferencias),. op. cit..

28. Lacan J., « Postfacio al Seminario XI », Otros escritos, op.cit., p. 533.

29. Miller J.-A., « El ser es el deseo», disponible en la página web del XIIe congreso de la AMP congresoamp2020.com

Traducción del francés por Maria Luisa Alkorta y Ana Inés Vasquez. Releída y notas por Adela Bande-Alcantud