Sinthome y feminización

¿Cuál es el hilo, cuál es la cuerda que conecta secretamente estos dos términos de sinthome y feminización?

Solo podremos encontrar la cuerda al precio de deportarnos hacia la otra cara de lo que hace la rutina de nuestro mundo. Del mundo, incluso de esa esfera que nos sirve de caparazón y que no es en sí misma nada más que una excrecencia de nuestra propia imagen en su conjunción con representaciones que el lenguaje introduce en el cuerpo. La homeostasis del mundo está sostenida por la rutina que asocia el significante al significado.

Lacan, en el transcurso de sus últimos años de enseñanza, producirá una torsión que llevará al psicoanálisis hacia una zona que él caracteriza de ek-sistencia del mundo, de lo que no hace mundo, zona que debe concebirse en el registro de lo expulsado del sentido, de la aversión del sentido, del anti-sentido y del ante-sentido. Zona imposible como tal, incluso de lo real a secas.

Esta orientación última, puesta en acto en su práctica, le llevará a apuntar hacia la experiencia analítica llevada hasta el final, un más allá del aparellaje de goce que el fantasma articula, un vaciado del sentido-gozado del que se reviste el síntoma, con el fin de cernir lo real del goce del sinthome fuera del lenguaje, y por lo tanto sin ley.

En el transcurso de esta travesía, Lacan ha caminado de la mano de Joyce. Nosotros, en cambio, no podemos introducirnos en ello sin ser conducidos por otra mano, la de Jacques-Alain Miller.

Su lectura esclarecida traza jardines a la francesa, desbaratando los enunciados del Seminario de Lacan, con el fin de hacer surgir el decir que les hace legibles, el decir, en el que se aísla el hueso del asunto.

Vamos a intentar aquí recoger en unas cuantas proposiciones la complejidad del recorrido llevado a cabo por Lacan. Es obvio que será una gota de agua en medio del océano.

Propongamos como vía de entrada el paso efectuado por Lacan cuando profiere: Y ad’lun. El uno es el significante Uno-totalmente-solo, disociado de la articulación con el Otro significante, y por ello real, fuera-de-sentido. Esto aclara la proposición de Lacan cuando nos invita a interrogar este Uno al nivel de lalengua, lo que supone la distinción de esta con el lenguaje. Lalengua, en su materialidad sonora, no es otra cosa más que la integral de los equívocos que la historia de cada uno ha dejado persistir. No sirve para la comunicación, no se esconde de las ficciones, ella percute el cuerpo, lo acribilla, lo agujerea, transformándolo en cámara de eco, depositando en ella huellas de las que él segoza. El sinthome testimonia de la consistencia del troumatismo abierto por el Uno en el cuerpo. Agujero en lo real que hace imposible la escritura de la relación sexual.

Joyce fue para Lacan el intercesor que, por su escritura, pone de relieve el significante como causa de goce. La operación de Joyce escribiendo Finnegan’s Wake consiste en triturar el lenguaje, haciendo valer la polifonía sonora que proviene de varias lenguas fuera de toda intención de significación, de todo orden sintáctico o gramatical que atañe al lenguaje, atrapando mediante una escritura singular los murmullos de laslenguas de las que él se goza.

Haber conseguido esta hazaña que lleva a la descomposición del lenguaje haciendo ceder su dique frente al empuje de los equívocos procedentes de la sonoridad de varias lenguas, firma una manera muy suya de hacer uso del síntoma del que era presa, haciendo una obra de arte. El resultado es un texto que no conmueve al inconsciente del lector, un texto que no convoca el jouis-sens (goce-sentido) de cualquiera, sino que testimonia de su propio goce, solo, desabonado del inconsciente.

Notemos que la escritura de Joyce atentando contra la ley del lenguaje y su orden, se ríe de la norma macho en la que la base lingüística es propicia a sostener lo universal. Debe entenderse aquí universal como lo que, del goce del lado macho, está todo tomado en la castración como función del lenguaje, no sin tomar como soporte de una existencia que hace excepción.

Es en este sentido en el que Lacan distingue el síntoma como formación lingüística atornillada al inconsciente y cuyo desciframiento desvela efectos de verdad, del sinthome, que no le dice nada a nadie y cuyo goce ex-iste en la exclusión del sentido. Desvistan en un análisis el síntoma de los par-êtres (para-seres) que lo recubren y desembocarán en lo ilegible, en lo real que se demuestra como imposible: goce opaco por excluir el sentido. Fin de trayecto del descifrado. Es un agujero.

Lacan indica que esta sujeción recurre a la utilización lógica del síntoma, acudiendo al significante matemático. Dicho de otra forma, es cuestión de un uso del significante “en contra sentido”, en su estatuto de letra sin sentido, lo que supone apartar el uso retórico propio al significante cuando se monta en discurso.

Es por este procedimiento, por el uso de la lógica, que Lacan se abrió una vía para extraer a las mujeres del todo fálico, haciendo valer que el goce de una mujer no es todo fálico. Ella tiene un goce suyo, goce que siente, pero del que no sabe nada. Este goce suplementario, más allá del falo, se localiza en el cuerpo, contrariamente al goce fálico que está fuera del cuerpo. Entonces una parte de este goce –dicho femenino– que, por otra parte, no es patrimonio solo de las mujeres, es un goce real ya que escapa a la fragmentación, a la anulación, a la contabilidad operada por el lenguaje a título de castración.

Jacques-Alain Miller indica que una vez que Lacan abre esta vía relativa al goce femenino, irá más lejos con el fin de reconocer ahí el estatus como tal del goce. Generalizando la formula del no para todo x, no Phi de x, pudo despejar la perspectiva del sinthome.

No nos es posible ir aquí más lejos. Hemos encontrado la cuerda que conecta sinthome y feminización mediante un goce que, de ser real, escapa al lenguaje y a la castración.

Realizarse en tanto que sinthome feminiza LOM que tiene un cuerpo, sea cual sea su anatomía.

Traducción : Carmen Cuñat en colaboración con Rosa Durá.