La opinión lacaniana*

¿Qué nos enseña lo que dicen las mujeres en la era de #MeToo?

La cuestión de la agresión sexual invadió la actualidad cuando ciertas mujeres tomaron la palabra y su enunciación concreta apuntó justo, dió en el blanco. Este acontecimiento planetario produjo indiscutiblemente una brecha en el discurso, rompiendo el pacto de silencio que data de hace mucho tiempo.

El eco viral que acompaña este movimiento denota, en sus consecuencias, una extensión del dominio del atentado a toda la gama del acoso físico, verbal, moral. Demuestra que el feminismo como discurso ha cambiado: hemos pasado del feminismo político en sentido moderno, es decir un feminismo de sujetos (universalismo de derechos), a un feminismo de cuerpos. La guerra de sexos ha pasado al espacio público y la guerra política al nivel de lo íntimo con el tono de satanización de los hombres, que no era nueva en el feminismo tras-Atlántico, como atestigua la posición de Catharine MacKinnon (1) quien, en la década de los 80, consideraba que entre las relaciones sexuales normales y la violación, “hay menos que el grosor de una hoja de papel de cigarrillo”.

Un paso es franqueado en el orden de la cultura del contrato, donde los derechos y deberes de cada uno están codificados en estrictos mecanismos regulatorios, en particular para asegurar el consentimiento, siempre con el objetivo de buscar la protección contractual del «débil» versus el «fuerte». La tendencia activista tiende a reducir este enfrentamiento a un cara a cara corporal que exige la ley del más fuerte.

Un neofeminismo radical, que puede llegar hasta el separatismo lésbico (2), reenvía así cada mujer a su cuerpo (incluso a su color), en una fragmentación al infinito. El resultado sería un ataque a la cultura y al vínculo social, si consideramos que la estructura del grupo que surge se basa en el imaginario de los cuerpos, nos parecemos. ¿Una comunidad de hermanos sin el mito del padre muerto? La única respuesta al real de la pulsión sería entonces el grupo, una falsa hermandad, en resumen, una sororidad de cuerpos. Fuera el sujeto, fuera el deseo y silencio sobre el goce.Cabe señalar que la noción de acoso se generalizó hasta tal punto que la tendencia es la de eximir el lenguaje mismo del malentendido y, sobre todo, vaciarlo de todo lo que podría resultar ofensivo. La ofensa y la culpa que se espera a cambio son fundamentales en este discurso. Este movimiento, que tiende a ejercer una verdadera fuerza policial del lenguaje, retoma una idea que no es nueva: al atacar la palabra, se acabará con la cosa misma, el falo será en fin destruído. En sus extremos, este rasgo resuena como una verdadera «censura» anti-Ilustración. Estoy usando el término “censura” aquí en el sentido en que Barthes, en su Sade, Fourrier, Loyola, supo decir que la verdadera censura no consiste en prohibir sino en estancarse en los estereotipos, no en retener sino en nutrir indebidamente, forzar a hablar de un modo determinado.

Seamos dialécticos. Por un lado, hay rechazo. Se trata de refutar todo aquello que, en el lenguaje, pueda resonar como dominación masculina, en suma, todo lo que incumbe al orden viril – precisamente en la época en la que se descubre que el declive del padre es seguido del declive de lo viril. ¿Pero esto, acaso no avanza en la dirección de promover un nuevo amo ?, ¿y, en particular, en la de ocupar, sin darse en cuenta, el lugar de amo de la lengua?

Por otro lado, hay aspiración. ¿Podemos ver en esta pasión purificadora de la lengua, a fuerza de frases preformadas y de eufemismos, el intento desesperado por encontrar o por imponer la palabra justa, la palabra verdadera, la palabra nueva para acoger lo que precisamente no puede ser nombrado – puesto que no es un lenguaje –, es decir, la parte femenina de todo parlêtre? La palabra nueva emerge entonces a partir de lo que fundamentalmente falta.

Por tanto, ¿no deberíamos leer este movimiento a la luz de lo que Jacques-Alain Miller llama la «aspiración a la feminidad» (3) contemporánea? Aspiración en tanto que estamos intrínsecamente separados de ella, siendo que lo femenino lo es el Otro por excelencia. Él señala que «el fenómeno más profundo es por cierto esta aspiración contemporánea a la feminidad con el desorden que suscita, el delirio y la rabia en la que hunde a los partidarios del orden androcéntrico. Las grandes fracturas a las que asistimos entre el viejo orden y el orden nuevo se descifran, por lo menos por una parte, como el orden viril retrocediendo delante de la protesta femenina «. Lo femenino, del que J.-A. Miller señala la importancia creciente, no es del orden de un nuevo amo por la simple y sencilla razón de que, como tal, escapa a todo control, a todo saber y que ex-siste a los semblantes de género.No podemos evitar aquí de hacer referencia a la enseñanza que Lacan extraía del preciosismo, esta «sociedad entera consagrada al perfeccionamiento del lenguaje» (4). Destaca en particular las «innovaciones introducidas en el lenguaje» por estos círculos femeninos, poco organizados, y cuya herencia saboreamos aún. También hubo un desafío al falo en el preciosismo que quiere romper «el significante en su letra» (5). El fenómeno precioso ilustra también para Lacan los efectos sociales del erotismo de la homosexualidad femenina, lo que él llama, en sus “Propuestas Directivas para un Congreso sobre Sexualidad Femenina”, “la instancia social de la mujer” (6) en la medida en la que trasciende el orden del contrato y concierne a la sociedad entera. En definitiva, las modificaciones duraderas introducidas en lo social, todo lo que tiende a sobrepasar las conformidades sin por ello atentar al consenso, contrastan con el vínculo homogeneizador de las comunidades homosexuales masculinas. Lacan enfatiza aquí la disimetría entre la cohesión del grupo fundada en el Ideal, mientras que ningún significante amo colectiviza el preciosismo, que, en este sentido, responde a la estructura del no-todo.Al querer cambiar radicalmente la lengua, es un «muro del lenguaje» que imponemos sin ningún matiz: al hacer caso omiso de todo semblante, hoy desembocamos lógicamente en el cuerpo, no en la conversación entre los sexos, sino en el silencio consustancial a la violencia: la violación o el asesinato. Con esta tendencia, no se apunta a los hombres, sino a “todos los hombres”, es decir al universal de “Todos los hombres son mortales”: “todos los” no tiene ningún sentido, nos dice Lacan, “todos los” no se imagina, no se experimenta sino a través de la muerte.J.-A. Miller señaló una vez, con respecto a Ornicar?, una orientación que sigue siendo de gran actualidad: «Mantener viva la opinión lacaniana (su opinión verdadera, orthè doxa), propagarla en el público» (7). ¿Cuál es una opinión verdadera en psicoanálisis? Una interpretación, un decir verdadero, justo, ajustado al presente. En el malestar actual, ésta debe tratar del Otro femenino que no es del orden de «todas las mujeres» (no hay «todas las mujeres» y cada mujer es no toda). La experiencia de un análisis permite este recorrido hacia lo que ex-siste a los semblantes de género, no la posición sexuada, sino la experiencia del sexo como tal, es el camino del síntoma. Entonces no será en vano que estemos más allá de la corriente. En respuesta a una pregunta sobre el separatismo: Si mencioné este discurso extremista, que reivindica el lesbianismo político hasta el separatismo, no es para darle consistencia, sigue siendo un discurso con su dimensión fantasmática, ficticia, sigue siendo un sueño (el sueño de una sociedad de hermanas emancipada cf. Pauline Harmange). Queda por examinar el impacto que tendrá en la subjetividad contemporánea. Se trata, más bien, de interrogar lo que está emerge de nuevo en el discurso.Y lo que es nuevo, me parece, es que el feminismo como discurso se ha trasladado al nivel mismo del cuerpo. Lo que da cuenta, al mismo tiempo, de una continuidad histórica – según Michèle Perrot, la historia del feminismo es «una historia del cuerpo de las mujeres» (8) – con el MLF o Women’s lib de los años 70, en la medida en que se trataba también del derecho a disponer de su propio cuerpo, uno de los famosos slogans era «Nuestro cuerpo, nosotros mismas», y de una discontinuidad histórica, en tanto que es el propio cuerpo el que se convierte en lugar de emancipación, lugar de lucha política e incluso el cuerpo en piezas sueltas: los pechos, la pilosidad, el flujo menstrual (9).Esto revela que lo que no ha sido abordado por el feminismo universalista ni, en cierto sentido, por el movimiento LGBT, parece manifestarse ahora bajo la forma de una reivindicación feminista o «de feminidad» que concierne directamente el cuerpo, en una fragmentación al infinito y, en consecuencia, una segregación al infinito. En definitiva, a medida que se ganan las batallas por la igualdad de derechos, se va desprendiendo poco a poco lo que de lo femenino no logra alojarse en el discurso universal (siempre virilizante).Lo que comenzó entonces por un querer cambiar la lengua (con la tarea interminable de lo políticamente correcto, la cacería de las micro-agresiones, la feminización del lenguaje), por ir a la cacería del falo en el lenguaje, termina en el cuerpo y, en consecuencia lógica, en la ausencia de diálogo entre los sexos.Ante esto, un psicoanálisis es la oportunidad de poner al día, con un analista, no solo los malentendidos que se tienen con el otro sexo, sino también los malentendidos que se tienen con uno mismo. Desde este punto de vista, es una experiencia anti-segregativa, porque la diferencia que extraemos de ella nos da una identidad de un tipo especial, la del síntoma, es decir una marca singular que no puede ser colectivizada y que, por tanto, escapa a lo que, para Lacan, constituye la vertiente de todo discurso, a saber, la dominación.

 

Intervención durante las 50º Jornadas de la Escuela de la Causa Freudiana sobre el tema «Atentado sexual», 15 de noviembre de 2020.

 

Traducción al castellano por Adriana Campos. Leída por Adela Bande-Alcantud

 

1. C. MacKinnon inició la definición de acoso sexual en la ley, en los Estados Unidos en 1977.2. Cf. Coffin A., El genio lésbico, Paris, Grasset, 2020 o incluso Harmange P., Yo, los hombres, los detesto, Paris, Seuil, 2020.3. Miller J.-A., “La orientation Lacanienne, El Uno solo”, lección del 9 de febrero de 2011, publicada con el título“ Progresos en psicoanálisis bastante lentos ”, La Causa freudiana, n ° 78, 2011, p. 200 y 200.4. Lacan J., Seminario I, Los escritos técnicos de Freud, texto establecido por J.-A. Miller, París, Seuil, 1975, p. 295.5. Lacan, Seminario XIX, … o peor, texto establecido por J.-A. Miller, Paris, Seuil, 2011, p. 17. 6. Lacan J., “Ideas directivas para un congreso sobre sexualidad femenina”, París, Escritos, 1966, p. 736.7. Miller J.-A., “Liminaire”, Ornicar ?, N ° 28, enero de 1984, p. 6. 8. Perrot M., Mi historia de las mujeres, France culture / Seuil, colección Points, historia, 2008.9. Cf. Las gloriosas, boletín de Rebecca Anselem, o de Camille Froidevaux-Metterie, El cuerpo de las mujeres. La batalla de lo íntimo, Philosophie magazine ed., 2018.