Emasculación

“… una vez, de mañana temprano, cuando estaba aún tendido en la cama (no recuerdo si semidormido o despierto ya), tuve una sensación que […] me impresionó de manera muy particular. Fue la representación de que tenía que ser muy grato ser una mujer que es sometida al coito.”[1] Al abordar la posición de Schreber como hombre o mujer, este fantasma no tiene nada que ver con el retorno de lo reprimido, sino que al marcar la forclusión en juego en la estructura, abre una brecha en su experiencia que le deja en un estado de perplejidad, presa del pensamiento de que había sido implantado por influencias externas. Durante el delirio que sigue, Schreber sucumbe a una erotomanía mortificante por la cual se encuentra sujeto a un goce invasivo sin límites, y luego construye su propia solución, la cual conlleva un modo de “emasculación”,[2] por la que se encuentra transformado en una mujer, convertido en “la mujer de Dios”, portador de una nueva raza del hombre, en un futuro diferido indefinidamente.

            Este es el caso paradigmático del empuje a la mujer que nos encontramos en la clínica de la psicosis. Según Maleval, Lacan identifica dos funciones de la feminización en Schreber: en 1958, la construcción de un indicador fálico, y en 1973, la producción de una figura de excepción paterna; y subraya que no son excluyentes sino que ponen de relieve un trabajo de compensación que afecta a dos elementos correlacionados entre sí.[3]

En 1958, Lacan indica: “a falta de poder ser el falo que falta a la madre, le queda la solución de ser la mujer que falta a los hombres”.[4]  El término fálico en falta produce un empuje a un significante, la de la mujer, un marcador de posición fálico en la medida en que la diferencia entre los sexos está distribuida entre ser y tener el falo. Deviene la pregunta de cómo asumir el valor operacional de un semblante para organizar una relación con el Otro y el goce, y así instalar un principio de limitación e incluso de falta cuando estos no se ham inscrito. 

            En L’Étourdit, Lacan reformula su elaboración previa en términos de las fórmulas de la sexuación,[5]las cuales demuestran que la relación con la función fálica conlleva no solo una relación con la castración, sino con dos modos de goce distribuidos a lo largo de cuatro términos. El empuje a la mujer ocurre como un intento de encarnar una figura de excepción dejada vacante por el padre, al tiempo que apela a un goce sin límite. Como remarca Maleval, este goce ilimitado tiene afinidad con el goce femenino, pero el goce del no-todo implica una relación con la función fálica totalmente carente en la psicosis puesto que está bordeada por el goce fálico. 

Se necesita pues otra solución. Aquí está la “solución elegante” que Lacan mapea en el Esquema I, el cual traza líneas de eficiencia cuya expresión hiperbólica operan en relación a dos agujeros que se abren en su estructura, Py Φ0, el primero “rodeando el agujero excavado en el campo del significante por la forclusión del Nombre-del-Padre”,[6] el segundo girando alrededor “de un agujero, precisamente aquel donde el ‘asesinato de almas’ ha instalado la muerte”.[7] Como destaca Miller, este “asesinato de almas” ya marca un primer intento para resolver la elisión del falo, puesto que le asigna un lugar, al tiempo que exige un suplemento.[8]

Aquí reside el valor de la asíntota identificada por Freud, y que Lacan traza en la diagonal entre las dos líneas curvas de “la doble asíntota que une al yo delirante con el otro divino”.[9] Es este eje el que traza la excepción que forma el límite, sin estar incluido en la línea que determina. Es en este sentido que Schreber hace existir a La mujer. Su solución se funda, no en un síntoma que inscribe una limitación del goce mediante la repetición de un punto de fijación, sino en una relación asintótica mediante la cual su solución y principio de estabilización es suspendido desde el punto imposible en el que se encuentran las líneas de eficiencia – a saber, el punto en el cual se realiza definitivamente su emasculación.

Traducción: Sonia Arribas. 


[1] Schreber, D. P., Memorias de un enfermo nervioso, trad. Ramón Alcalde, Buenos Aires: Libros Perfil, 1999, pp. 83-4.

[2] Ibid., p. 90.

[3] Maleval, J.-C., La forclusión del nombre del padre. El concepto y su clínica, Barcelona: Paidós, 2002, p. 302.

[4] Lacan, J., “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”, Escritos II, Buenos Aires: Siglo XXI, 2001, p. 547.

[5] Lacan, J., “El atolondradicho”, Otros escritos, Buenos Aires: Paidós, 2012, pp. 489-90.

[6] Lacan, Escritos II, p. 545.

[7] Lacan, Escritos II, p. 552.

[8] Miller, J.-A., “L’homme aux loups“, La Cause freudienne 72 (2009), p. 102.

[9] Lacan, Escritos II, p. 553.