Dos sexos, un cuerpo, ningún universo

¡Escándalo!

¿Harían ustedes la experiencia de anunciar alrededor suyo, tal cual, el título de esta Gran Conversación, “La mujer no existe?” Probablemente no se producirá sin efectos. Sus parientes y amigos, los menos cercanos también, tendrán algo que decir, incluso de replicar.

Hace cincuenta años, Jacques Lacan evocaba cómo una conferencia en Milán le había valido la primera plana de un periódico italiano: “¡Para el doctor Lacan, las damas (le donne) no existen!”i El escándalo estaba ya a la orden del día.

¿Dónde estamos hoy? ¿Este enunciado produce olas todavía? ¿Como algunos machacan, sería tristemente reaccionario; o chocaría más bien contra una doxa que se ignora? Si pudiese parecer políticamente incorrecto a los ojos de algunos, digamos más bien que desentona suficientemente como para lograr interpretar uno de los nudos del malestar actual.

A la hora del género

Enunciar “La mujer no existe”, no se hace sin hacer surgir el binario hombre/mujer. Los dos sexos hacen hablar, en la medida en que su relación no puede escribirse. ¿Quién habrá hecho correr más tinta que su malentendido estructural y sus combinatorias contingentes?

Nuestra oportunidad proviene de que practicamos el psicoanálisis en el momento de una gran vacilación: para algunos, parecería no resultar evidente que haya hombres y mujeres. Más sorprendente aún, utilizar estos dos significantes sería una especie de ultraje: hombre y mujer no serían efectos de nominación, sino estigmas de una dominación.

La teoría del género se propone corregir esto, en una Aufhebung del sexo. Detrás de la promoción del género, un programa: sería no solamente posible, sino urgente terminar con el dos. Esta urgencia se aferra a una esperanza: en nombre de la benevolencia, se trataría de purgar el más mínimo resto de discriminación. La gran noticia no es tanto que haya problemas con el género – ¿acaso hemos tenido alguna vez claro el sexo? – si no más bien que los militantes de esta causa prometen mañanas liberadas de cualquier problema.

A la hora de esta indignación sobre la diferencia de los sexos, ¿qué lugar queda para lo que no se presenta mas que como una alteridad? ¿Qué consecuencias tendrá esta tentativa de liquidación de lo sexual en cuanto al vínculo social, desde el momento en que para hablar pasamos por el significante, es decir, precisamente por lo que no vale si no es por su diferencia?

Y sin embargo, solo hay dos

El psicoanálisis, porque es una práctica, tiene en cuenta la diferencia de los sexos. En efecto, la clínica no ha cesado de testimoniar cómo esta diferencia es un enigma para cada uno. Freud hizo de esta cuestión, y esto chocó, el pivote mismo de la civilización; haciendo así escuchar que en este dominio, no es tanto la anatomía, sino el malestar, lo que sería el destino.

Lacan lo dirá de esta forma, y esto marcará una fecha: “No hay relación sexual”.

Que lo sexual incumba a la no-relación implica precisamente que en este asunto, haya dos términos. Aquí Lacan es cristalino: “Que el sexo sea real no hay la más mínima duda. Y su estructura misma es lo dual, el número dos. Piénsese lo que se piense, no hay más que dos: los hombres y las mujeres.”ii En tanto tal, entre los sexos y los géneros, hay un mundo…en el que cada uno podría escoger su género. En algunas aplicaciones de encuentros, es posible elegir su género en una lista de 52 ítems. Incluso se puede inventar su propio género, fuera de la lista. De esta forma, los géneros se pueden matizar a voluntad. A partir del dos del sexo, se hacen más complejos y esta eflorescencia de lo múltiple nos arrastra entonces hacia un tantos géneros como generados. Esos géneros plurales, Jacques-Allain Miller nos propone situarlos como otros tantos modos-de-gozar.iii

¿Qué implica este abordaje de los géneros sino otra forma de puras construcciones sociales? Al situarlos como tratamientos del goce que hacen efracción para cada uno, su exuberancia aparece como si debiese mucho al psicoanálisis. ¿No es en efecto Freud quien demostró cómo, muy pronto en la vida, la pulsión encuentra vías polimorfas, propias a cada uno? Y qué decir de Lacan, pluralizando los Nombres-del-padre, poniendo así al descubierto que el Edipo no es más que una vía… entre otras. ¡El psicoanálisis habrá así cambiado el mundo, demostrando que en materia de sexualidad, lo que parecía grabado en la piedra de las verdades eternas provenía para cada uno de sus rutinas, prejuicios, creencias…y por lo tanto de su elección! Entonces, los Gender Studies son hijos de Freud y Lacan. Queda una paradoja: ahí donde se denuncian las fechorías del patriarcado, se mantiene precisamente una referencia al Padre. Tomemos esto en serio, como el testimonio más seguro de que decididamente, del Padre, no es tan simple prescindir. ¿Sería entonces más cómodo prescindir de La mujer? Nada es menos seguro.

Hacia el cuerpo hablante

Enunciando que La mujer no existe, Lacan hace valer que no hay esencia de La mujer. Nada produce de ese lado, un universal. ¡Fenomenológicamente, esta inexistencia salta a los oídos! La exuberancia está aquí también sobre la mesa: de La mujer, se dice…tanto y más, y precisamente todo y su contrario. La donna è mobile no revela tanto la supuesta versatilidad femenina, como la inconsistencia de los decires vertidos a cuenta de esa pretendida esencia.

Este enunciado, La mujer no existe, nos permite situar en su justo lugar la diferencia de los sexos en el discurso analítico. Lacan hablará por eso mismo de sexuación, y formulará dos lógicas. Estas especifican dos modalidades con las que el lenguaje intenta

disponer el goce, modalidades que no consiguen unirse en una complementariedad. La inexistencia de la mujer es una consecuencia de la existencia del goce, llamado por Lacan, femenino. El título de esta Gran Conversación nos invita entonces a interrogar lo que, en psicoanálisis, existe. Por este motivo, es una puerta de entrada en la actualidad más ardiente de la enseñanza de Lacan: el cuerpo hablante.

Si Lacan es decididamente de hoy, es porque sitúa precisamente la causa del trastorno propio de los seres parlantes: obligados a pasar por el lenguaje, tienen una dificultad especialmente tenaz para soportar el hecho de tener un cuerpo. Este tiene la molesta tendencia de recordárselo, bajo la forma del síntoma, especialmente cuando, en la vida, surge un real. Excesivamente presente en sus locuras, infinitamente ausente cuando ese cuerpo con el que cada uno tiene que arreglárselas se suelta, no consigue humanizarse totalmente con las palabras. Como consecuencia de ser la sede de la vida, el cuerpo lacaniano es un cuerpo gozante, y se vuelve por lo tanto misterioso y enigmático.

Por hablar de este hiato estructural y hacer sensible a la significación esta extrañeza radical del cuerpo, Lacan supera el embarazo sexual haciendo uso de la letra, sonora y sin sentido. Evoca “LOM que tiene un cuerpo y notiene más keuno”iv. Vemos que cuerpo no tiene sus letras alteradas. ¿Sería esto una indicación? Lo que palpita bajo este nombre, ¿sería ya bastante Otro y extraño, tal cual? Porque tiene que vérselas con LOM, el psicoanálisis no es puramente dialéctico. Trata de las consecuencias, contingentes y traumáticas, de la lengua sobre el cuerpo.

I can’t breathe

Freud constituyó un acontecimiento en el momento en que lo sexual estaba prohibido. Fue entonces el primero en tomarse en serio la palabra de las mujeres que llamaban locas. Aprendió de ellas que no-todo lo sexual va al paso del orden patriarcal.

Lacan tuvo que lidiar con lo sexual liberado. Recordando desde los años cincuenta que locura y libertad tenían algunas afinidades, extrajo del testimonio de un hombre, el Presidente Schreber, una primera indicación de lo que la feminización y el sin-limite tenían como vinculación. Quince años más tarde, extrajo entonces de unas mujeres, las místicas, lo ilimitado capaz de interpretar el reverso de un empuje-a-gozar.

Estamos en la hora de lo sexual liquidado. Pero no nos engañemos: cada vez más individualizadas, las normas de hoy siguen siendo las particulares de un universal consistente. A este respecto, las nuevas utopías sexuales, que sueñan con arrasar todo real para erigir un mundo sin trastorno, nos ahogan. Bajo el peso del para todos, cada uno dice: “I can’t breathe”. La mujer no existe, este decir que hace agujero es una buena noticia. Invitándonos a interrogar lo que ex-siste a las normas, es una bocanada de aire.

Traducción: Carmen Cuñat en colaboración con Miriam Chorne

i Lacan J. El Seminario, Libro 20, Aún, Buenos Aires, Paidós, 1975, p. 72

ii Lacan J. El Seminario, Libro 19, … o peor, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 152

iii Miller J.-A y Martí E., “Entretien sur” “Le sexe des Modernes”, Lacan Quotidien nº 927, 2021

iv Lacan J., “Joyce el síntoma” Otros Escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 591