{"id":8916,"date":"2021-09-16T21:28:51","date_gmt":"2021-09-16T19:28:51","guid":{"rendered":"https:\/\/www.grandesassisesamp2022.com\/la-femme-nexiste-pas-2\/"},"modified":"2021-09-17T21:38:57","modified_gmt":"2021-09-17T19:38:57","slug":"la-femme-nexiste-pas-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.grandesassisesamp2022.com\/es\/la-femme-nexiste-pas-2\/","title":{"rendered":"\u201cLa mujer no existe\u201d"},"content":{"rendered":"\n<p>Dentro de un a\u00f1o tendr\u00e1 lugar la pr\u00f3xima Gran Conversaci\u00f3n Virtual Internacional de la AMP. Se celebra en un momento en el que, por doquier, surgen voces de mujeres, rompiendo un silencio que viene de lejos. Leg\u00edtimamente proclaman su deseo de igualdad y de libertad, denuncian las injusticias sexistas y las violencias infligidas a las mujeres. El psicoan\u00e1lisis juega su partida en este movimiento.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Con este texto se lanz\u00f3, el 30 de abril de 2021, la Gran Conversaci\u00f3n Virtual Internacional de la AMP.<br>Desc\u00fabranla aqu\u00ed en su totalidad.<br>Y escuchen la presentaci\u00f3n de Christiane Alberti, directora de esta Gran Conversaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio\"><div class=\"wp-block-embed__wrapper\">\n<div class=\"nv-iframe-embed\"><iframe loading=\"lazy\" title=\"Les Grandes Assises Virtuelles Internationales de l&#039;Association Mondiale de Psychanalyse\" width=\"1200\" height=\"675\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/84y7HZTWIxM?start=17&#038;feature=oembed\" frameborder=\"0\" allow=\"accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture\" allowfullscreen><\/iframe><\/div>\n<\/div><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\"><strong><strong>L\u00f3gica freudiana<\/strong> (\u2013\u03c6) <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Son mujeres las que han estado en el origen del psicoan\u00e1lisis. Escuch\u00e1ndolas, Freud hizo o\u00edr una palabra in\u00e9dita sobre su vida amorosa y sexual, en un momento en el que solo se las ve\u00eda como progenitoras. Pero ese tiempo lleva la marca de su \u00e9poca y \u201cla tradici\u00f3n de un largo pasado\u201d. Dir\u00edamos hoy que la concepci\u00f3n freudiana de la feminidad es faloc\u00e9ntrica. En efecto, Freud fue al comp\u00e1s del falo como s\u00edmbolo de la castraci\u00f3n para pensar la feminidad. En el inconsciente, el ser femenino estar\u00eda irremediablemente marcado por la falta, afectado con el signo menos. Es un punto de vista que se enra\u00edza en la potencia de impronta (recuerdo infantil) de la comparaci\u00f3n imaginaria de los cuerpos macho y hembra, que hace creer en una ausencia del lado de la mujer y en la castraci\u00f3n de la madre. De este <em>tener<\/em> clavado en el cuerpo, resultar\u00eda que el hombre se piensa como completo mientras que el otro sexo estar\u00eda marcado por una irremediable incompletud, con su lote de decepci\u00f3n, reivindicaci\u00f3n, avidez y rivalidad eterna entre hombres y mujeres.<\/p>\n\n\n\n<p>Es lo que ha chocado a numerosas feministas, encontrar bajo la pluma de Freud los <em>topos<\/em> m\u00e1s insoportables que hacen de la mujer un ser privado, dotado de un sentimiento de inferioridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta l\u00f3gica, que consiste en concebir el Edipo para la ni\u00f1a a partir de su versi\u00f3n masculina, desemboca en un camino tortuoso hacia la feminidad. El propio Freud tom\u00f3 la medida de los l\u00edmites de este enfoque, tanto para las mujeres como para los hombres, ya que tropez\u00f3 con el enigma de la feminidad que no se deja resolver por el complejo de castraci\u00f3n. De ah\u00ed las palabras tajantes de Lacan: \u201cPara medir la verdadera audacia (del) paso (de Freud), basta con considerar su recompensa, que no se hizo esperar: la ca\u00edda sobre lo heter\u00f3clito del complejo de castraci\u00f3n\u201d<a href=\"#_edn1\"><sup>[1]<\/sup><\/a> \u00bfNo deber\u00eda leerse de otra forma el famoso <em>rechazo<\/em> de la feminidad? Esta ser\u00e1 la v\u00eda de Lacan<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>Ocultaci\u00f3n del principio femenino<\/strong><br>\u201c<em>No podemos m\u00e1s con el padre\u201d<\/em><\/h4>\n\n\n\n<p>Lacan formaliz\u00f3 en primer lugar el Edipo freudiano mediante la reducci\u00f3n ling\u00fc\u00edstica del mito, con el Nombre-del-padre y la met\u00e1fora paterna. Mediante esta operaci\u00f3n de simbolizaci\u00f3n, el Nombre-del-padre se sustituye a la inc\u00f3gnita (x) del deseo de la madre y le da un sentido. De esta forma, el sujeto es conducido a una relaci\u00f3n normalizada con el deseo someti\u00e9ndose a la Ley simb\u00f3lica. El efecto de la met\u00e1fora es comprometer a los sujetos a pensar, gozar, reproducirse\u2026, conforme a las normas de los ideales de su sexo admitidos cl\u00e1sicamente.<\/p>\n\n\n\n<p>En los tiempos del estructuralismo, L\u00e9vi Strauss teorizaba que las mujeres son consideradas como objetos de intercambio entre los linajes fundamentalmente androc\u00e9ntricos. Lacan se aleja de esta concepci\u00f3n. No dej\u00f3 de se\u00f1alar que hay en ello un \u201cinaceptable\u201d en la posici\u00f3n de la mujer, que se debe a su \u201cposici\u00f3n de objeto\u201d<a href=\"#_edn2\"><sup>[2]<\/sup><\/a> cuando, por otro lado, est\u00e1 completamente sometida al orden simb\u00f3lico al igual que el hombre. Lacan ve en ello \u201cel car\u00e1cter [\u2026] conflictivo, [\u2026] sin salida, de su posici\u00f3n \u2013 el orden simb\u00f3lico la somete literalmente, la transciende\u201d<a href=\"#_edn3\"><sup>[3]<\/sup><\/a> En ese r\u00e9gimen de \u201ctodos los hombres\u201d<a href=\"#_edn4\"><sup>[4]<\/sup><\/a>que no duda en calificar de prudhomiano, el intento de asignarle un lugar (esposa, madre, hija\u2026) est\u00e1 condenado al fracaso y no dejar\u00e1 nunca de suscitar la rebeli\u00f3n. Una parte de lo femenino no consigue encontrar su lugar en el mundo, es completamente insituable, y esto \u00a1no se remonta a ayer!<\/p>\n\n\n\n<p>Lacan tendr\u00e1 muy pronto en cuenta este aspecto, yendo en contra de un psicoan\u00e1lisis garante de \u201cla paz en casa\u201d que devolver\u00eda la mujer a la madre y el hombre al ni\u00f1o. C\u00f3mo decir mejor que la supremac\u00eda del padre que est\u00e1 en el fundamento de nuestra cultura, tiene un reverso que Lacan formul\u00f3 como \u201cla ocultaci\u00f3n del principio femenino bajo el ideal masculino\u201d.<a href=\"#_edn5\"><sup>[5]<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>Semblantes<\/strong><strong><\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>Esta formalizaci\u00f3n le condujo, en un segundo momento, a llevar <em>al<\/em> padre no a un nombre sino a una funci\u00f3n, que hace posible una pluralidad de soportes, <em>los<\/em> Nombres-del-Padre. Lacan hab\u00eda diagnosticado en efecto ya desde 1930, el declive del padre-todo-poderoso. No hay <em>El<\/em> padre, sino un enjambre de significantes (significantes-amos) susceptibles de nombrar los modos de gozar de una \u00e9poca. Esta pluralizaci\u00f3n da cuenta de las mutaciones contempor\u00e1neas y, particularmente, de la gran diversidad de la vida sexual: cada uno inventa su forma de gozar y de amar, reivindicando un nombre para escenarios que destronan al Edipo como soluci\u00f3n \u00fanica del deseo.<\/p>\n\n\n\n<p>Toda esa arquitectura simb\u00f3lica ed\u00edpica, construida sobre im\u00e1genes y significantes, no es m\u00e1s que una ficci\u00f3n en la que se revela el car\u00e1cter de <em>semblante,<\/em> del que Lacan puso de manifiesto su valor y su uso. El falo que el padre entrega como ideal, emblema de la potencia simb\u00f3lica, no es m\u00e1s que un semblante del que se revisten tanto los hombres como las mujeres, a merced de una virilizaci\u00f3n o feminizaci\u00f3n del parecer (para-ser) para tratar lo sexual.<\/p>\n\n\n\n<p>Lacan hab\u00eda anticipado entonces la era del g\u00e9nero fluido (<em>gender fluid<\/em>), que se ha llevado por delante el binario hombre\/mujer. Los hombres, las mujeres, los g\u00e9neros de todo tipo, son en primer lugar seres de lenguaje. La paternidad, y muy pronto la maternidad, el matrimonio, son solo ficciones. No hay lugar para creer hasta el final en todas esas \u201cbobadas\u201d<a href=\"#_edn6\"><sup>[6]<\/sup><\/a> significantes, nos hace comprender un Lacan volteriano, ironizando sobre lo artificial del lenguaje, demostrando al mismo tiempo su utilidad en calidad de semblantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero hay m\u00e1s. La toma de la palabra por las mujeres en an\u00e1lisis obligar\u00e1 a Lacan a tomar en consideraci\u00f3n todas las consecuencias sobre la estructuraci\u00f3n y las formas del deseo. Se ve obligado a tener en cuenta una disonancia entre, por un lado, las posiciones sexuadas definidas en el Otro, que se prestan a todos los desplazamientos sem\u00e1nticos y, por el otro, el <em>plus-de-gozar<\/em> particular de cada uno, que posee una gran inercia. En otros t\u00e9rminos, se ejerce una tensi\u00f3n entre el significante-amo S<sub>1<\/sub>, en la perspectiva de los discursos, colectivizante, idealizante, y <em>a<\/em>, el objeto de goce. Despu\u00e9s Lacan ir\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de esta tensi\u00f3n entre S<sub>1 <\/sub>y <em>a, <\/em>derivados del falo, para entrar en la v\u00eda de un goce suplementario que resiste al sentido sexual.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>Sexuaci\u00f3n<\/strong><strong><\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>Lacan introduce el t\u00e9rmino <em>sexuaci\u00f3n<\/em> para indicar el elemento subjetivo de elecci\u00f3n, tributario de lo que \u00e9l llam\u00f3 <em>las f\u00f3rmulas de la sexuaci\u00f3n<\/em>. Estas \u00faltimas ofrecen puntos de referencia en cuanto a la manera posible de situarse respecto del sexo, m\u00e1s all\u00e1 de los estereotipos de la designaci\u00f3n hombre\/mujer. As\u00ed es como en el Seminario <em>A\u00fan<\/em>, enuncia esa elecci\u00f3n en estos t\u00e9rminos: \u201cla parte llamada hombre\u201d<a href=\"#_edn7\"><sup>[7]<\/sup><\/a>, \u201cla parte llamada mujer\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La \u201cparte llamada hombre\u201d permite a un sujeto <em>sea quien sea<\/em> alojarse bajo el r\u00e9gimen de la castraci\u00f3n, en el sentido del l\u00edmite que instaura la funci\u00f3n lenguaje. \u00a1El r\u00e9gimen de la falta est\u00e1 entonces bien situado aqu\u00ed del lado del macho! La experiencia del cuerpo que le corresponde es la de un goce limitado al \u00f3rgano f\u00e1lico, localizado, experimentado como fuera del cuerpo. Esta parte delimita por lo tanto el mundo de la sexualidad en el que amamos y deseamos al otro, apoy\u00e1ndonos en el fantasma: del cuerpo del Otro no se puede gozar m\u00e1s que mentalmente ($ \u25ca <em>a<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p>La \u201cparte llamada mujer\u201d, por su lado, no responde a ning\u00fan universal sino solamente a una relaci\u00f3n contingente con el falo. No est\u00e1 toda tomada en la dimensi\u00f3n f\u00e1lica, ya que en la ra\u00edz de ese <em>no-todo<\/em>, Lacan postula un goce propiamente femenino: un goce indecible del cuerpo, sin forma, ni raz\u00f3n. Si se la dice a esa parte \u201cimpropiamente\u201d femenina, es en el sentido en el que es la sexualidad femenina la que permite que se la perciba mejor: en t\u00e9rminos imaginarios, el <em>continente negro <\/em>freudiano o el <em>sentimiento oce\u00e1nico<\/em>; en t\u00e9rminos l\u00f3gicos, el infinito o el no-todo. Es obviamente la imagen de un goce \u201cenvuelto en su propia contig\u00fcidad\u201d<a href=\"#_edn8\"><sup>[8]<\/sup><\/a> el que, desde las \u201cLas Ideas directivas para un Congreso sobre la sexualidad femenina\u201d, indicaba la relaci\u00f3n con el infinito. Sus efectos de ilimitaci\u00f3n, se encuentran especialmente en la m\u00edstica o en las formas de abandono de uno mismo, que escapan al marco que proporciona el fantasma. Esta parte llamada mujer carece de la posibilidad de medirse con los ideales, ya que no se inscribe en el orden de los valores sino que depende de la unicidad. Es una forma de gozar que hace de cada mujer una excepci\u00f3n y que, como tal, no puede colectivizarse. Por eso ning\u00fan nombre puede constituir el conjunto de \u201ctodas las mujeres\u201d. Esta falta de nombre, Lacan la escribe S (\u023a). Al estar fuera del lenguaje, este goce no permite ninguna posibilidad de acoplamiento con una identificaci\u00f3n, no nos reconocemos ah\u00ed, hasta el punto de que Lacan pudo decir que m\u00e1s bien induce el sentimiento de ser <em>Otro<\/em> para uno mismo. A esta falta en el Otro, responde la exigencia de la palabra de amor como \u00fanica v\u00eda de suplencia posible.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas estructuras significantes del cuerpo permiten declinar las formas diferenciadas del amor y del deseo, fetichista o erotoman\u00edaco, seg\u00fan que privilegien la v\u00eda del objeto o del amor como condici\u00f3n del goce.<\/p>\n\n\n\n<p>El paso decisivo dado por Lacan es, por lo tanto, haber planteado que si las mujeres se encuentran sin una verdadera mediaci\u00f3n, expuestas a ese goce suplementario, no tienen sin embargo el monopolio. Tambi\u00e9n vale para los hombres. Lo que Lacan llamaba <em>principio femenino<\/em> puede entonces generalizarse a los hombres y se aclara como el principio de un goce que se sostiene m\u00e1s all\u00e1 del sentido f\u00e1lico. Proporciona as\u00ed su estatus m\u00e1s profundo al goce.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>Aspiraci\u00f3n contempor\u00e1nea a la feminidad<\/strong><strong><\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>Declarando que \u201cLa mujer no existe\u201d<a href=\"#_edn9\"><sup>[9]<\/sup><\/a>, Lacan anticipaba una cuesti\u00f3n, sino la cuesti\u00f3n m\u00e1s importante del mundo contempor\u00e1neo: hay <em>las mujeres<\/em>, s\u00ed, \u00a1y de qu\u00e9 forma! Est\u00e1n por todos lados. Los hombres no se lo explican y las mujeres tampoco. Las mayores resistencias, con tintes de delirio y de rabia, tanto de los hombres como de las mujeres, consisten en querer devolver esta aspiraci\u00f3n a la feminidad al orden androc\u00e9ntrico. J.-A. Miller ve en esta aspiraci\u00f3n uno de los fen\u00f3menos m\u00e1s profundos de nuestra civilizaci\u00f3n: \u201cLas grandes rupturas entre el orden antiguo y el orden nuevo a las que asistimos, se descifran de todas formas, al menos en parte, como el orden viril que retrocede ante la protesta femenina\u201d<a href=\"#_edn10\"><sup>[10]<\/sup><\/a>. Lo femenino, cuya importancia creciente se\u00f1ala J.-A. Miller, no es del orden de un nuevo amo ya que, como hemos visto, como tal escapa a todo control, a todo saber.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfAl haber querido \u201carrinconar al falo\u201d, no precedi\u00f3 Lacan, en cierto sentido, a las neo-feministas de hoy, que querr\u00edan liberarse del sentido sexual tal y como se admite com\u00fanmente en el Otro? M\u00e1s all\u00e1 de las diferentes transformaciones que el neo-feminismo ha conocido desde 1970, oscilando desde el feminismo pol\u00edtico (llamado dominaci\u00f3n) al feminismo de los cuerpos (\u201cpro sex\u201d), lo femenino ha insistido siempre. Aparece hoy como una cuesti\u00f3n de fondo que sobrepasa las teor\u00edas de g\u00e9nero. Queriendo \u201cdeshacer la asignaci\u00f3n de g\u00e9nero\u201d, estas \u00faltimas han negado el significante <em>mujer<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>En el coraz\u00f3n de este movimiento est\u00e1n las tentativas recientes que buscan c\u00f3mo reformar la lengua, se enfrentan al funcionamiento de la palabra y del lenguaje. \u00bfNo ser\u00e1 vano este esfuerzo, al ser imposible hablar por fuera del g\u00e9nero y fuera del cuerpo, a excepci\u00f3n de ser conducidos al silencio? La v\u00eda de la letra, sin sentido, preconizada por Lacan, aparece m\u00e1s f\u00e9rtil para abrir una nueva perspectiva sobre la feminizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Al agotarse en la caza de los semblantes, siempre sospechosos de estar prescritos por el Otro, otra tendencia del neo-feminismo contempor\u00e1neo hace tambi\u00e9n mucho ruido. Buscando una mayor consistencia ontol\u00f3gica de la feminidad, sit\u00faa el combate pol\u00edtico en el lugar mismo del cuerpo femenino, en un intento de control del goce. Se milita en particular en favor de un lesbianismo pol\u00edtico para liberarse mejor del poder masculino. La falsa <em>sororidad<\/em> de los cuerpos que se deriva \u00bfno ser\u00e1 una salida ficticia basada en definitiva en el imaginario de los cuerpos?<\/p>\n\n\n\n<p>Lacan ha abierto otra v\u00eda distinta a la del discurso. Radicalmente subversiva respecto a la tradici\u00f3n, encontr\u00f3 su fuente en la palabra de los y las analizantes.<\/p>\n\n\n\n<p>La definici\u00f3n de la feminidad no nos deja tranquilos. El ser que la palabra nos otorga es poco consistente, escurridizo, lo que nos arrastra en una pasi\u00f3n de la palabra justa que dir\u00eda por fin el ser femenino aut\u00e9ntico. \u00bfNo ser\u00e1 esto lo que puede empujar a una mujer a buscar en el an\u00e1lisis un terreno m\u00e1s estable? Sin embargo, como dice Lacan, de las mujeres \u201cp[uede] decirse todo, incluso proviniendo de la sinraz\u00f3n\u201d<a href=\"#_edn11\"><sup>[11]<\/sup><\/a>. En este camino, el an\u00e1lisis conduce, m\u00e1s all\u00e1 de las ficciones que el Otro nos habr\u00eda asignado, al encuentro de la contingencia de los significantes que gobiernan nuestra vida.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s all\u00e1 del atasco fantasm\u00e1tico que compensaba nuestra falta de ontolog\u00eda, el an\u00e1lisis actualiza la experiencia de lo que Lacan llama el sexo como tal, a partir de la l\u00f3gica del <em>no todo<\/em>. Ella se organiza con una red m\u00e1s fundamental que la del fantasma, m\u00e1s estable que los semblantes del g\u00e9nero, m\u00e1s fuerte que todo, ah\u00ed donde existimos verdaderamente y de una manera \u00fanica. Es la v\u00eda del <em>s\u00edntoma<\/em>, la que en ese sentido nos feminiza.<\/p>\n\n\n\n<p>Que existan <em>mujeres<\/em> y no <em>La<\/em> mujer, no significa que su existencia preceda a su esencia, sino que \u201cprescinde de la esencia de la feminidad\u201d<a href=\"#_edn12\"><sup>[12]<\/sup><\/a>seg\u00fan la f\u00f3rmula de J.-A. Miller. \u00bfQu\u00e9 podemos aprender en este sentido de la experiencia del an\u00e1lisis? \u00bfQu\u00e9 podemos extraer del principio femenino de las curas de hoy, en las de las mujeres como en las de los hombres? Ganar\u00edamos dando a los matemas de Lacan en las formas masculinas o femeninas del deseo, respectivamente \u03a6(<em>a<\/em>) y \u023a(\u03c6), su valor actual. Es lo que podemos esperar de la Gran Conversaci\u00f3n Virtual Internacional de la Asociaci\u00f3n Mundial de Psicoan\u00e1lisis que deber\u00e1 atreverse a todo ya que\u2026 \u00a1<em>La mujer no existe!<\/em><\/p>\n\n\n\n<h5 class=\"wp-block-heading\">Christiane Alberti<\/h5>\n\n\n\n<p><em>Traducci\u00f3n: Carmen Cu\u00f1at en colaboraci\u00f3n con Miriam Chorne<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em><a href=\"https:\/\/www.grandesassisesamp2022.com\/wp-content\/uploads\/2021\/05\/argument1-CA-ES.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Descargar la presentaci\u00f3n del tema<\/a><\/em><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ednref1\"><sup>[1]<\/sup><\/a> Lacan J., \u201cSubversi\u00f3n del sujeto y dial\u00e9ctica del deseo en el inconsciente freudiano\u201d, <em>Escritos<\/em>, Buenos aires, Siglo XXI Editores, 2005, Tomo II, p. 802<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ednref2\"><sup>[2]<\/sup><\/a><sup> <\/sup>Lacan J., <em>El seminario<\/em>, Libro II, <em>El Yo en la teor\u00eda de Freud y en la t\u00e9cnica del psicoan\u00e1lisis<\/em>, Buenos Aires, Paid\u00f3s, p. 392.<sup><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ednref3\"><sup>[3]<\/sup><\/a><sup> <\/sup><em>Ibid., p. 392<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ednref4\"><sup>[4]<\/sup><\/a><em> Ibid., p. 392<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ednref5\"><sup>[5]<\/sup><\/a> Lacan J., \u201cLos complejos familiares en la formaci\u00f3n del individuo\u201d<em>, Otros Escritos, <\/em>Buenos Aires, Paid\u00f3s, 2012, p. 95<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ednref6\"><sup>[6]<\/sup><\/a> Miller J.-A., in \u201cLe Parlement de Montpellier\u201d, Jornadas UFORCA, 21 y 22 de mayo de 2011, in\u00e9dito<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ednref7\"><sup>[7]<\/sup><\/a> Lacan J., \u201c<em>El Seminario\u201d,<\/em> libro XX, <em>A\u00fan<\/em>, texto establecido por J.-A. Miller, Buenos Aires, Paid\u00f3s, 1975, p. 97.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ednref8\"><sup>[8]<\/sup><\/a> Lacan J., \u201cIdeas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina\u201d, <em>Escritos<\/em>, <em>op. cit.<\/em>, p. 714.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ednref9\"><sup>[9]<\/sup><\/a> Lacan J., \u201c<em>La <\/em>mujer no-existe<em>\u201d, \u201c<\/em>Televisi\u00f3n\u201d,<em> Otros Escritos<\/em>, op. cit., pp. 563<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ednref10\"><sup>[10]<\/sup><\/a> Miller J.-A., \u201cProgr\u00e9s en psychanalyse assez lents\u201d, <em>La Cause Freudienne<\/em>, n\u00ba78, 2011, p. 197, no traducido.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ednref11\"><sup>[11]<\/sup><\/a> Lacan J., \u201cEl atolondradicho\u201d, <em>Otros Escritos<\/em>, op. cit., p.490<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ednref12\"><sup>[12]<\/sup><\/a> Miller J.-A., \u201cLiminaire\u201d, <em>Ornicar?,<\/em> n\u00ba22-23, primavera, 1981, p.1<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dentro de un a\u00f1o tendr\u00e1 lugar la pr\u00f3xima Gran Conversaci\u00f3n Virtual Internacional de la AMP. Se celebra en un momento en el que, por doquier, surgen voces de mujeres, rompiendo un silencio que viene de lejos. 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